viernes, 6 de septiembre de 2013

CONMOVEDOR TESTIMONIO DE UN VENDEDOR PAKISTANÍ DE JUGOS CUYO HIJO FUE LLEVADO POR EL MOVIMIENTO TALIBÁN PARA ENROLARLO EN SU FILAS


 “Me considero afortunado por haber encontrado a mi hijo”, declaró  Mohammad Jabeen, vendedor de jugos en Bannu, uno de los 25 distritos de la norteña provincia pakistaní de Jiber Pajtunjwa, a Inter Press Service  (IPS) este miércoles 6 de setiembre.

El movimiento Talibán se había llevado a su hijo, Mateen Shah, quien estudiaba en una madraza o escuela islámica. Los insurgentes lo entrenaron para integrarlo a sus filas.

Jabeen contó que su hijo tenía solo 16 años cuando fue secuestrado, en octubre del 2011. Los talibanes lo llevaron a un edificio semidestruido en Waziristán, donde lo instruyeron en la “yihad” (lucha).

“Sus captores le habrían lavado por completo el cerebro para que se convirtiera en un atacante suicida si no hubiera logrado escapar cuatro meses después”, indicó.

Los niños como Mateen Shah, que habitan las zonas pobres, son los más vulnerables al Talibán. La desigualdad también los afecta en esto.

“En Bannu hay más de 100 escuelas religiosas que admiten niños de familias pobres porque los padres no pueden cubrir los costos de la educación en institutos modernos”, dijo Mohammad Jamal, profesor de ciencias políticas en el Colegio de Posgrados de Bannu, en diálogo con IPS.

Los estudiantes de las madrazas reciben alimentos y ropa en forma gratuita.

El Talibán viene reclutando cientos de niños en Bannu desde hace 10 años, indicó Jamal. El distrito se encuentra cerca de la Agencia de Waziristán del Norte, un semillero del movimiento extremista.

Los radicales islámicos entrenan a los niños en el uso de armas, les enseñan a fabricar explosivos y los convierten en atacantes suicidas con la promesa de llegar al paraíso, dijo Jamal.

Los otros dos menores secuestrados con Mateen Shah siguen desaparecidos.

El oficial de policía Jalid Jan dijo a IPS que el Talibán secuestró a más de 500 niños en los últimos cinco años. “Unos 40 lograron escapar, pero todavía se desconoce el destino de los otros”, indicó.

Los huérfanos son los más vulnerables al reclutamiento islamista porque están fácilmente “disponibles”.

El Talibán asegura no tener menores en sus filas, pero Jan señala que el movimiento recluta activamente huérfanos y niños sin hogar.

“Las personas acomodadas envían a sus hijos a escuelas modernas para que reciban educación formal. Los terroristas cazan a los hambrientos y los entrenan para que instalen bombas y trampas en las carreteras, o para que combatan y realicen atentados suicidas”, indicó Jan.

Mientras, Fazl Hanan, residente del distrito de Lakki Marwat, contó que su sobrino cayó en manos del Talibán luego de que su padre, hundido en la pobreza, le consiguiera trabajo en un restaurante sobre la ruta.

“Desapareció del lugar. Se decía que solía reunirse frecuentemente con algunos talibanes. Quizás decidió unírseles”, dijo Hanan.

Distritos como los de Lakki Marwat, Bannu, Dera Ismail Jan y Tank están repletos de insurgentes islamistas. Se refugian en las vecinas Áreas Tribales Administradas Federalmente desde que la invasión liderada por Estados Unidos los desalojó de Afganistán en el año 2001.

“Todos esos distritos son terreno fértil para reclutar niños, especialmente aquellos que están en las madrazas o los que tienen empleos de tiempo parcial”, dijo Jan.

“Los talibanes sacaron a mi hijo de un taller mecánico en marzo de 2011 prometiéndole un trabajo lucrativo”, contó Shaukat Alí, verdulero del distrito de Charsadda, en diálogo con IPS. “Tres meses después, llamó para decir que estaba en Waziristán”, contó.

Jawad Alí, quien entonces tenía 18 años, era su único hijo. Trabajaba en el taller mecánico para colaborar con los ingresos de la familia, de 12 miembros.

“Esperábamos que Jawad regresara. Pero talibanes me informaron que se había inmolado en Afganistán”, contó Shaukat Alí.

“El Talibán me felicitó, diciéndome que Jawad había ido al paraíso”, añadió. El adolescente habría muerto en un ataque suicida contra soldados estadounidenses.

Algunos pocos niños reclutados a la fuerza por el Talibán logran escapar. Por ejemplo, unos 20 adolescentes huyeron en grupo el 1 de junio de 2009.

“El Talibán nos había secuestrado de las escuelas religiosas de Dera Ismail Jan y nos mantuvo en un gran escondite hecho de barro en Waziristán, donde nos daba lecciones un hombre con una barba larga”, contó a IPS el joven Imran Alí, de 15.

Ali dijo que algunos niños estaban contentos de recibir alimento sin tener que hacer ningún trabajo.

“Yo también estaba feliz, pero uno de los niños nos explicó que tarde o temprano moriríamos en un atentado suicida o en algún otro ataque. Entonces esperamos el momento oportuno para escapar”, señaló.

De muchos niños nunca se volvió a saber nada. Abdur Rehman, de 15 años, fue secuestrado en 2006 en el distrito de Swat, en Jiber Pajtunjwa.

“Como ocurre con otros 200 niños que desaparecieron en Swat, todavía no se sabe nada de él”, dijo a IPS su padre, Mohammad Rehman, un trabajador de la construcción. “Desde que desapareció no hay ninguna pista. Yo no tengo recursos para viajar a Waziristán a localizarlo”, añadió.

Según el oficial de policía Jan, unos 400 niños reclutados por el Talibán han sido localizados y arrestados. “Los llevamos a centros de internación para rehabilitarlos. Se los instruye en diseño, bordado, carpintería, etcétera, para que puedan comenzar su propio negocio”, indicó.

Gul Mohammad, de 19 años, es uno de ellos. Tenía 14 cuando desapareció de Swat. En 2010, las fuerzas de seguridad pakistaníes lo encontraron y arrestaron en un campamento de entrenamiento del Talibán, y terminó en prisión.

“Fui trasladado a aquí (el centro de rehabilitación) hace cuatro meses. Estoy aprendiendo diseño y comenzaré mi propio negocio”, dijo Mohammad a IPS. “Ahora estoy libre del Talibán, y ayudaré a mis padres”.

Pero todavía hay muchos niños pobres en el lugar de donde viene. Y allí es donde el Talibán busca y encuentra (Fuente: IPS).

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